Redondilla (poema de una estrofa en una botella)

27 enero 2013

Barcelona, enero 2013

·

“Hechizan tus dulces ojos

brillantes más que una estrella

que ni la luna es tan bella

y por eso siente enojos”

·

Botella 2

Alberto Delgado Muñoz

Medina Azahara

13 enero 2013

Córdoba, enero 2013

Cerámica con dibujos florales y estrellas geométricas visten la pared. Adornos de un pasado árabe que impregna la cálida sala. Sobre la mesa, en una brillante tetera, un té moro: Medina Azahara. Una suave pero gran explosión de flores con un pinchazo dulzón y leve regusto final amargo que llena y estimula toda la boca.  De fondo suena un arghul, típico de la música árabe que ameniza y llena de sensaciones al acogedor ambiente.

A mi lado, recostada junto a mí en el sofá, tu cabeza se apoya sobre un cojín adornado con flores de hilo dorado. Con un gesto de paz y tranquilidad, tus ojos me miran reflejando el brillo de la tenue luz de la sala como dos estrellas del cielo de córdoba. Con una cómplice y sutil sonrisa, tu carita me cautiva desvaneciendo todo de mí alrededor. Anestesiado por el embrujo de tus ojos, el humo y el “glu glu” de las cachimbas nos arropa en un cálido ambiente, mientras nuestros labios se rozan en un suave beso y nuestras almas se funden en una.

 

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Alberto Delgado Muñoz

Felicidad eres tú

27 noviembre 2012

Barcelona, noviembre 2012

La noche es negra y envuelve todo en su oscuridad. Del salpicadero sólo brillan unas lucecitas tenues, rojas y azules, que indican la temperatura cálida y precisa del interior del coche.

La radio está apagada y es el runrún de la carretera y el ronroneo constante del motor el hilo musical que acompaña suavemente.

Todo es perfecto, está en calma, en paz.

 

Me dirijo a algún lugar, pero aún no puedo decir a cual, únicamente sé que la carretera es recta, fácil y tranquila.

Avanzo a mucha velocidad, sólo porque me agobia pensar que no me muevo, aunque la realidad es que no tengo ninguna prisa por llegar.

 

A mi lado, en el asiento del acompañante, una chica con el pelo liso y fino descansa con los ojos cerrados. Su rostro sonriente y su respiración pausada y relajada transmite una profunda felicidad y paz. En mi interior siento una inmensa emoción al contemplar su gesto dulce, simpático y despreocupado.

Sólo en este momento, de repente y sin previo aviso el universo se para.

 

Ya no existe el hoy, ni el mañana, no existe el pasado, ni el futuro. No envejecemos, ni morimos, no somos inmortales, ni eternos. Por un instante, no hay obligaciones, ni deberes. En sólo un momento siento la felicidad y comprendo que es algo que no se busca ni se posee. Simplemente llega ese momento en el que la felicidad te toca y la sientes en un lugar muy adentro, un poco por debajo del pecho. Es ese instante donde se mezcla en una composición perfecta la libertad, la paz interior y el amor.

 

Desde entonces cada noche, al esconderse el sol, busco en mi almohada tu pelo y tu dulce gesto, la mujer de mis sueños que un día me acompañe y pare el pesado reloj del universo.

Alberto Delgado Muñoz

Todos somos marineros en nuestra mar

4 mayo 2012

Barcelona, mayo 2012

 

Miras por la borda pero no sabes dónde estás. Un nudo en el estómago te comprime tus entrañas al verte perdido y solo en la inmensidad del mar. Entonces, buscas con el catalejo en el horizonte pero no ves tierra hacia donde poner rumbo. Sólo te rodea agua inestable, peligrosa y turbulenta que te mece, te lleva y te trae a la deriva de las corrientes y las olas.

Cuando se estropea el motor que propulsa tu barco, sólo puedes echar las velas al viento y esperas a que sople en la dirección correcta. Entonces, te dejas llevar por la inercia que te empuja hacia ese horizonte infinito y vacío que está ahí a lo lejos y no sabes cómo llegar ni qué habrá.

Cuando tu brújula se rompe y el mapa que marca tu camino se te escapa de entre las manos volado por el viento y cae al mar: Se moja, se hunde y desaparece en la profundidad. Entonces sólo te puedes dejar llevar por la intuición de creer remar en la dirección correcta.

Y al fin, cuando te ves solo en medio de la inmensidad, sin referencias ni rumbo, sin horizonte ni idea de a dónde vas. Te sientas en la cubierta de tu barco, de tu vida y te dejas llevar con la ilusión y la esperanza de que un día al despertar encontrarás el camino que te guíe en la vida, un compañero que te acompañe en ésta aventura. Porque aún perdido en la inmensidad ese nudo del estómago no es tan nudo, ni un destino es tan importante si tienes con quien compartir el viaje.

Es cuando te das cuenta que tu destino no está en aquel horizonte, ni tu viaje es hacer ningún camino. Entiendes, en ese instante, porque te sentías tan vacío, a la deriva y sin rumbo. Comprendes que aún estando perdido en medio de la inmensidad del mar no te sientes perdido.  Es cuando simplemente  empiezas a disfrutar del va y ven de las olas que te llevan a donde te tengan que llevar. Comprendes que tu destino y mayor camino no es otro que compartir tú vida y tener a quien amar.

 

Alberto Delgado Muñoz

Sin título – 2 – Tras este instante miró su reloj…

30 enero 2012

Tras este instante miró su reloj y en su cabeza exclamó -Es la hora.-

Sin perder la templanza giró sobre sí y pensativo continuó su marcha por la calle abajo.

Caminó cientos de metros a un ritmo tranquilo y pausado. El sol durante este caminar ya había subido y la temperatura comenzaba a ser más cálida. Por esto sintió que algún botón de la chaqueta sobraba y decidió desabrocharse los primeros.

Sus piernas le habían dirigido hasta un paseo a horillas de la playa. Realmente el día se había tornado radiante y apenas soplaba una suave brisa. Cansado de caminar se sentó en un banco para contemplar la inmensidad del mar.

Pasaron tres, cuatro, seis minutos. Era un día de entre semana, un martes, y el paseo estaba solitario. A penas cruzaron tres coches y una pareja en bicicleta.

Al rato, sentado en este banco, miró al suelo y se dio cuenta de que sus botas estaban manchadas de polvo y barro. Se agachó tranquilamente y tomándose su tiempo empezó a frotarlas con sus dedos. No soportaba verlas sucias y ahora parecían volver a brillar.

– Son bonitas las botas. ¿Pero pareces preocupado?

Dijo una voz sentada a su lado.

– No son las botas ni este polvo, si no el brillo del sol.

Contestó aún agachado con la cabeza entre las piernas. -siempre las limpio con esmero y aunque a veces se manchen procuro limpiarlas lo mejor que puedo, con mis manos si es preciso.  Pero nunca brillan igual. – Añadió mientras continuaba frotando.

– Amigo, ¿aún no te has dado cuenta que el sol no siempre es el mismo aunque cada día vuelva a salir? Disfruta de este momento, del día de hoy, de este brillo y esta luz maravillosa que no sabes cuándo se pondrá y nunca regresará. Disfruta de tus botas, úsalas, camínalas porque no sabes si mañana sólo tendrás pantuflas o alpargatas para andar. Porque no sabes si mañana tendrás el mismo pie y las podrás volver a calzar.

– Entonces… Dime… ¿Tanto cambia un pie? ¿Tan poco dura un día? o… ¿Sólo se cansan de andar?

Sin título – 1 – Le dijo que no fuera, pero fue.

28 enero 2012

Le dijo que no fuera, pero fue.

Se levantó bien temprano, como nunca solía hacer. Era una mañana despejada, el sol comenzaba a salir y el aire aún era frío. Era unas de esas mañanas de un buen día frío de invierno.

Bajó hasta el portal, dobló el pomo y miró al frente. Aún era muy temprano así que se tomó unos segundos, volvió a pensar y respiro profundamente. Esto siempre le había ayudado a relajarse y reflexionar con mayor claridad.

Tras la breve pausa decidió finalmente levantar su pierna derecha y, así, iniciar el paso. Siempre procuraba, cuando se acordaba, empezar el día con buen pie, y hoy se acordó.

Calzaba botas altas, pantalones oscuros y un chaquetón grueso. Aún así sentía frío y por eso caminaba con paso ligero y cruzado de brazos. El cuello de la chaqueta lo llevaba levantado y abrochado hasta el último botón. De su boca expulsaba una nube de vaho y dirigiéndola con sus labios jugaba a tirarla hacia arriba.

Caminó al compás del ritmo de sus botas hasta cruzar tres travesías y a la cuarta paró. Se detuvo un momento en mitad de la calle, en mitad de la mañana para echar un vistazo a su alrededor. Finalmente, miró atrás.

La calle estaba completamente vacía, y en los árboles los pajarillos comenzaban a cantar. Contempló, al que hasta el día de hoy, había sido su portal y contó del 1 al 5, en una cuenta mental que cada vez se le hizo más lenta.

1,2, 3… 4…

…5

Sin éxito, permaneció unos segundos más inmóvil en la mañana, inmóvil en el frío día de invierno…

Esto ya me suena…

25 septiembre 2011

Barcelona, septiembre 2011

Creemos que tenemos inteligencia y nos confundimos cuando pensamos que algo meditado, ideado o imaginado ha salido de nuestro interior, de nuestra inspiración o gracias a nuestro arte innato para diseñar o idear. Pensamos que hacemos algo nuevo, inédito, algo que nunca se ha hecho y nos sentimos Dios. Pensamos que hemos creado algo de la nada. Pero, en realidad, lo que no sabemos es que sólo somos máquinas registradoras que sólo grabamos y reproducimos. El único y verdadero arte innato simplemente es el de observar y creer en las cosas, en recordar las cosas.

Todo está hecho pero a su vez nada existe. Son imágenes en nuestra cabeza que descubrimos con la fe. Porque todo lo que sueño, todo lo que idea mi cabeza, todo existe, existirá y ha existido. Puedo ser feliz o desgraciado, estar en la cima o no ser nadie, sólo tengo que elegir y seré, soy y he sido lo que yo he querido.

Pensamos en el universo y el tiempo como algo infinito y lineal, una recta en una dirección y nos vemos a nosotros en medio de algo que se nos escapa a la vista. No somos más que una hormiguita que sólo puede caminar en una dirección, sin parar. Nos resignamos a caminar y caminar sabiendo que por mucho que caminemos no veremos más que una infinitésima parte de toda la longitud del universo. Vamos alumbrando con una linterna el camino, y sólo vemos los pocos pasos que dejamos en nuestro ínfimo caminar.

Vemos el futuro como un vacío, un camino que acaba en un precipicio y que sólo podremos pisar firme si colocamos teorías nuevas como adoquines. Y estas teorías están en las ideas, que son entes que vuelan en una nube sobre el camino que no nos deja ver. Son indefinidos y dudosos pero con cada paso los pisamos y afianzamos, los fijamos con nuestro caminar. Pero, ¿no te das cuenta que éste no es más que un camino que siempre ha estado ahí, un camino que no veíamos con claridad? Ahora cuando miramos atrás vemos ese suelo de logros y progresos en la vida y creemos que están fijos, que son tangibles, materiales, físicos.

Y… ¿Y si miramos más atrás? ¿No parece que vuelve a verse una neblina de ideas y conocimientos flotando libremente? ¿Y si lo que creíamos que era caminar hacia delante en realidad es hacia atrás? ¿Y si vamos más allá y decimos que no caminamos en una línea recta e infinita sino que el final también es el principio? En ese caso yo ya he estado aquí, en este mismo instante, en este mismo punto escribiendo esto y otras muchas cosas al igual que tampoco existo y a la vez existo. El espacio tiempo es un loop, por el que he pasado infinitas veces donde es lo mismo el principio que el final.

No somos más que una cámara registradora con poca memoria. Recuerdo al mirar mi atrás más inmediato y veo lo claro y fijado que está todo, pero cuando recuerdo al mirar a un mayor pasado o al futuro veo una nube espesa que sólo se aclara cuando me acerco y recuerdo. Por eso no puedo diseñar nada nuevo, ni inventar nada que no haya existido, porque todo existe y todo está ahí. Por eso mi próxima entrega para clase ya está acabada, ya existe, ya la hice. Pero no sólo una, sino infinitas. Por eso sólo tengo que intentar recordar cómo era el trabajo con el que saqué un diez.

Alberto Delgado Muñoz

Hoy he soñado contigo

16 julio 2010

Barcelona, julio 2010

¿Sabes qué? Hoy he soñado contigo. Simplemente paseábamos, pero era maravilloso. Ni siquiera íbamos cogidos de la mano, sólo caminábamos. Estabas preciosa. Era de noche y la luz de la luna brillaba en tu pelo liso y negro. Tus ojos eran dos estrellas, centelleantes, más bonitas que las del cielo. No parábamos de reír hablando de temas triviales, porque lo transcendental se hablaba con el corazón, sin palabras.

Fue en un lugar un tanto extraño, ambiente de verano, mucha gente por la calle y en el paso hasta la playa un dilema, ¿Bajamos el talud, cruzamos la carretera y subimos a la arena, o pasamos por el puente?

Hoy he soñado contigo, simplemente caminábamos, pero eran nuestras almas las que se abrazaban y los corazones los que se fundían entre risas y miradas. Desde la arena veíamos a chicos en el agua, el mar picado, espuma y agua pulverizada.

Hoy he soñado contigo y al despertar lloraba, pero no eran mis ojos con lágrimas, sino mi alma desconcertada ¿No sabías que el alma también llora de alegría infinita o de tristeza pesada? Hoy he despertado llorando de tanta felicidad por amarnos, pero ahora vago con un liviano recuerdo, triste de vivir sueños que el día diluye y el corazón disipa en la inmensidad de la nada.

¿Quién no quisiera vivir en un sueño eterno?

Abre los ojos, abre los ojos…

A ti.

Alberto Delgado Muñoz

A la espera de un amor

8 junio 2010

Barcelona, junio 2010

Mi voz se ensordecen y mi garganta queda muda, no atino a pronunciar palabra alguna cuando me preguntas por el amor y estar enamorado. La lengua es inútil para describir tanta hermosura, pues no está hecha para describir sensaciones confusas de nuestra conciencia terrenal. Pero te diré amigo, que el amor no nos pertenece, por eso no lo podemos controlar, robar o comprar; Que son sucesos que ocurren fuera de nuestro cuerpo, hechos que ocurren en el alma, en un plano inmaterial.

Sinceramente, me apeno por aquellos que no han sabido comprender que es el amor, o que al pensar en ello sólo piensan en una definición de libro, como quien define un objeto de oficina, una bicicleta o un reloj. No me humillo al admitir que cuando me preguntan qué es el amor no lo sepa definir porque sé que con cuatro palabras mentiría y con cinco o seis, más.

Pero tú vuelves a insistir ¿Qué es el amor? y yo ahora te sé contestar: Para mí el amor es un fragmento de imagen de su pelo al viento, una sonrisa de sus labios, un guiño o un beso. Es algo que me dice, una caricia o un gesto. Para mí el amor tiene su aroma, su cara y su silencio.

Es lo máximo a aspirar para el alma del hombre, y yo, qué sé cuál es, no quiero ni puedo renunciar a su significado; Aunque sea del pasado, es algo mío, propio y personal. Por eso, no me avergüenzo al decir que aún la quiero, porque cuando pienso en qué es el amor, en mi mente la veo. Prefiero seguir amándola en mis recuerdos que vivir amando la definición de un libro de texto.

“Es inmoral sentirse mal por haber querido tanto. Debería ser prohíbido haber vivido y no haber amado” Andrés Calamaro.

Muy tranquilo conmigo.

A los trabajos y exámenes que debería estar preparando…

Alberto Delgado Muñoz

A veces también sobra el dinero

31 mayo 2010

Barcelona, mayo 2010

Con cuatro euros en mi bolsillo, esta tarde, no me he podido sentir más que mal cuando caminaba hacia un pequeño supermercado del barrio. Sólo quería saciar un gusanillo de mi estómago, más bien, un antojo terrenal.

Caminaba despacio jugueteando con las monedas entre mis dedos, cuando al torcer la esquina, a las puertas del establecimiento al que me dirigía, una mujer arrodillada bajo mis pies en medio de la acera sostenía un vaso de plástico que probablemente habría encontrado entre la basura.

Rápidamente mi conciencia estalló con un gran estruendo dentro de mí. ¿Qué debía hacer? ¿Resultaba ético, es más, resultaba moralmente correcto gastar ese dinero en cualquier cosa para mi gozo, quemándolo en cualquier artículo capitalista donde pago mucho y recibo poco (aunque eso sí, muy bien presentado) en beneficio de una gran multinacional sin escrúpulos cuando bajo mis pies alguien llora sin más fortuna que una bolsa de basura llena con tres mudas?

La primera sensación que recorrió mi piel fue la de lástima. ¿Cómo debe ser de grave la situación de una persona para arrastrase por los suelos sin más pretensión que pedir misericordia a la vida, a la humanidad? Y la segunda, la de la desconfianza. ¿Realmente esta mujer se encontraba en una situación límite, o es tan cínica de pedir dinero sin ningún cargo moral en su alma?

Y son muchas las cuestiones que me asaltan: ¿Necesitamos el dinero? ¿Es necesario el dinero?; A priori y viendo la cara de pena, el rostro de la tristeza materializado en esta mujer, parece que algo sí, que es necesario. Así que aceptando que al menos en este estilo de vida, en ESTA sociedad es necesario, la cuestión es:

¿A partir de qué cantidad de dinero es inmoral acaparar? ¿Cuál debería ser mi nivel de consumo máximo? ¿Realmente necesito todo lo material que me rodea, que compro? ¿Si me comprara un coche, a partir de qué gama sería un acto despreciable? Es más ¿Debería si quiera comprarlo?

¿Cuál es el valor del dinero? ¿Si lo material debe carecer de valor, el dinero vale cero? O, aceptando que existe un mínimo de necesidad material para sobrevivir  en este sistema ¿Cuál es el valor máximo que le debemos dar al dinero? ¿Un poco más de lo imprescindible sería, ya,  excesivo?

Envuelto en la sociedad del primer mundo, del consumo, qué difícil es tener la distancia, tener perspectiva y saber diferenciar entre lo necesario y lo innecesario.

Me sobraban dos euros, porque a veces el dinero también sobra, así que los hice volar  y volaron. De sus labios, con voz rota, un gracias sincero y en mi interior, mi conciencia repuesta.

Alberto Delgado Muñoz